Una reciente investigación publicada en Nature Ecology & Evolution explora el origen y evolución de los calamares y sepias, revelando cómo estos cefalópodos se convirtieron en depredadores clave en los océanos actuales. El estudio, impulsado por técnicas de secuenciación genética, muestra que su diversificación ocurrió tras un extenso periodo de estabilidad evolutiva que comenzó hace aproximadamente 100 millones de años.

A medida que los calamares y sepias se adaptaron a entornos extremos, como el océano profundo, encontraron refugios durante eventos catastróficos, incluida la extinción del Cretácico-Paleógeno. Este entorno protegido les permitió no solo sobrevivir, sino también prosperar aprovechando los nichos ecológicos vacíos que surgieron post-extinción. Los avances en su biología, como el desarrollo de nuevos órganos y su concha interna, fueron cruciales para mejorar su capacidad de adaptación y supervivencia en el océano.

El estudio no solo proporciona un vistazo al pasado de estas especies marinas, sino que también ofrece respuestas sobre cómo podrían reaccionar otros organismos marinos a los cambios ambientales actuales, destacando la importancia de las profundidades oceánicas como refugios de biodiversidad crítico frente al cambio climático.